Entregadas por amor:


Síndrome de la Abuela Esclava
Cecilia, tiene sesenta y cinco años, cinco nietos, tres hijos y un marido. Con los años y las responsabilidades, su vida se ha tornado estresada y ocupada a tiempo completo. Su salud se ha visto afectada, pero aún así no deja de dar todo por su familia, aunque no este en condiciones de hacerlo.
Después de levantarse, sirve el desayuno para sus tres nietos que están a cargo de ella, porque sus padres migraron a los Estados Unidos. Los va a dejar en la escuela, prepara el almuerzo, limpia la casa y atiende a su marido. Al medio día va a recoger a sus nietos; y en la tarde los ayuda con sus tareas, los lleva de paseo, asiste a las reuniones de la escuela, prepara la merienda y los acuesta a dormir. Al final del día Cecilia siente que no da más, pero su amor hacia sus nietos e hijos la hace levantarse todas las mañanas, ya que “uno da todo por amor”.
En Ecuador éste cuadro es muy común. Abuelas sobrecargadas de obligaciones, tareas y responsabilidades asumidas voluntariamente, poco a poco son consumidas por el estrés, cansancio y presión que físicamente no aguantan.
Así, con este peso tan grande en una mujer de tercera edad, se puede producir el Síndrome de la Abuela Esclava. Una manifestación del agotamiento consecutivo a estrés o sobreesfuerzo físico y emocional crónicos, sobre todo en relación con las responsabilidades propias de una ama de casa en ejercicio activo.    
El síndrome de la abuela esclava fue descripto y estudiado por el doctor Antonio Guijarro Morales, cardiólogo español, profesor de la Universidad de Granada. En su obra, el autor reseña e ilustra con varios ejemplos reales esta forma de enfermedad “frecuente y grave, potencialmente mortal”, ya que se solapa, provoca o descompensa a enfermedades comunes, como la hipertensión, diabetes, angina de pecho, migraña, reumatismo, neurosis, ansiedad, depresión y otras. Algunas veces puede concluir hasta en el suicidio. El diagnóstico y tratamiento previenen evitar este trágico final.
Cecilia, sufre de fuertes dolores lumbares además de hipertensión (presión sanguínea alta). Su esposo e hijos le dan apoyo para que ella siga pendiente de sus labores domesticas y el cuidado de sus nietos, sin pensar en el daño psicológico y físico al que la someten.
El doctor Luis Rivas, Médico Geriatra, nos comenta que los casos de abuelas con estos síntomas, son muy comunes en nuestro medio, como ya sabemos es más fácil delegar el cuidado de los niños a las abuelas por no contar con recursos económicos para niñera o guardería, porque existen lazos afectivos, por comodidad, porque es gratis y sobre todo por la migración de los padres de los niños.
Lamentablemente no todas las familias están informadas de este síndrome, y por ello el abuso hacia ellas es diario e imperceptible. Generalmente la falta de lamentaciones, por parte de estas mujeres, como es el caso de Cecilia, es el principal problema para atajarlo, ya que todas las dolencias intentan curarse con fármacos o incluso hospitalizaciones. Una vez en el hospital y sin cargas domésticas, estas mujeres mejoran de forma muy notable, pero al volver a su rutina cotidiana resurgen los mismos síntomas, o incluso, otras enfermedades.
La falta de sinceridad, por parte de estas mujeres; tanto hacia los médicos como hacia su propia familia, viene originada por una especial concepción de la responsabilidad, formada por una educación basada en la entrega a la familia. Sin embargo, sus cuerpos ya no soportan tanta tensión. “Ellas no se quejan, porque no estaría bien", dice Cecilia. Ella, aunque no lo acepta, es victima de un abuso, ya que cuida a sus nietos de forma sistemática, tiene excesivas responsabilidades familiares en función de sus capacidades, no disfruta de su tiempo libre como ella quisiera y tiene miedo a quejarse por represalias familiares (retirada del cariño, chantaje emocional.
“Mis nietos e hijos me reclaman porque soy quejumbrosa y enfermiza”, dice Cecilia, mostrándose triste y abatida. Contrariamente una abuela esta feliz si aporta bienestar a la familia, ayuda a sus hijos y familiares en función de sus capacidades físicas y emocionales, no tiene responsabilidades directas con sus nietos de forma sistemática y tiene libertad para decidir que hacer con su tiempo.
Se dice que en España existen más de cuatro millones de mujeres mayores de 65 años, el 30,9 por ciento de las cuales aporta cuidados fundamentales para su red familiar. Sólo el 17,6 por ciento de mujeres mayores son objeto de cuidados y atención por parte de algún miembro de su familia. Lamentablemente, este síndrome es habitual en nuestra sociedad Ecuatoriana también, constituyendo una de las más extendidas pandemias sufridas por las mujeres en el siglo XXI. Es un hecho que en cada familia hay, hubo o habrá una abuela esclava, por lo menos.
Para poder dar solución a una situación de excesivo estrés familiar, el doctor Guijarro aboga por la implicación de la familia y de todo el entorno más cercano, ya que son los propios familiares quienes deben descargar de un exceso de trabajo a la abuela, aunque sin mermar su autoestima.
"La curación o liberación definitiva de esta condición se alcanza cuando se consigue el equilibrio entre los cometidos asignados a la abuela y su fortaleza física y emocional". De este modo, en el momento en que se cancelan responsabilidades excesivas y se produce un contacto equilibrado con la familia, la mujer con este síndrome siente una notable mejoría. Según Guijarro, este síndrome "se puede curar con tan sólo concienciar a las familias a través de los medios de comunicación. Pacientes que antes habrían venido a la consulta, ahora saben de dónde le vienen tantas molestias y están en disposición de combatirlas".
Pero, muchas mujeres como Cecilia, siguen exigiéndose y dejándose exigir sin hacer conocer sus derechos. ¡No dejemos que más abuelitas sigan sirviendo. Merecen un descanso!


“Un viejo insoportable es lo que queda de alguien que se hizo viejo, soportando a los que ahora no lo pueden soportar…”